publicado el 30 de enero del 2012, por fceblog
En cuestiones de impuestos es bien conocida la existencia de jugadores con “derecho de veto”. Hasta este momento la mayoría de ellos han estado sospechosamente callados. Si se juzga inocentemente, esta actitud bien podría deberse a que algunos de ellos “aprendieron la lección” y decidieron abandonar la oposición sistemática a cualquier aumento de impuestos. Si se juzga maliciosamente, bien podría deberse a que la reforma no afecta sus bolsillos; o bien, que simplemente están esperando que esta llegue al Congreso para hacer valer sus razones. Aunque es imposible saber las verdaderas razones detrás de este silencio complaciente, las nuevas autoridades deberían actuar cautelosamente dada las experiencias del pasado.
En ausencia de un acuerdo nacional tipo Pacto Fiscal, todo asunto tributario se reduce a contar con la mayoría en el Congreso. Tal y como lo prueba la experiencia del gobierno anterior, no basta con una mayoría teórica, hace falta que la coalición no se rompa al momento de “rajar ocote”. En el caso de la UNE, a pesar de haber contado con una supuesta mayoría, en la práctica no se pudo aprobar una reforma tributaria. Aunque la aprobación de la Ley Antievasión II es un gran logro desde esta perspectiva, sería un error suponer que la aprobación de la propuesta de reforma tributaria está garantizada.
Invocar al Pacto Fiscal no garantiza nada. Por un lado, la reforma no contempla acciones prioritarias que eran centrales en el Pacto, tales como límites al déficit fiscal o a la justificación de la deuda pública. Por el otro, la misma no es el producto de un gran acuerdo nacional en esta materia. Del Pacto Fiscal, esta propuesta tiene solamente un poco más que el nombre. Lo cual no es razón suficiente para invalidarla de entrada, pero sí para recordar las advertencias de Fuentes Knight respecto de que “las políticas fiscales que resultan de la coerción y la confrontación, o de limitadas negociaciones entre élites, son más vulnerables y eventualmente insostenibles”. Ojalá el tiempo no le dé la razón al ex ministro, las finanzas públicas deben sanearse de una vez por todas. El país no puede darse el lujo de seguir con el tipo de política fiscal que caracterizó al gobierno anterior.
Are Habits More Powerful Than Decisions? Marketers Hope So.
Efectivamente el silencio de los empresarios es porque no les afecta su bolsillo (reducción directa en el ISR). Eso de impuestos a dividendos no se de donde se lo sacan si los dividendos se reparten fuera de Guatemala. Al final los mismos empresarios son los que pagan por estos estudios y serán siempre hechos hasta el punto donde a ellos no les afecte negativamente sus utilidades.