La libertad. Segunda parte.
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Fuente: R. Yepes y
J. Aranguren, Fundamentos de Antropología, pp. 129-136
5. La realización de la
libertad: el proyecto vital
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La tercera dimensión de la libertad
consiste en la realización de la libertad fundamental a lo largo del tiempo, es
decir, en la tarea de vivir la propia vida y configurar una determinada
biografía e identidad: la de uno mismo.
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La realización de la libertad consiste
en el conjunto de decisiones que van diseñando la propia vida y en la
incorporación de los resultados que producen esas decisiones.
l Al diseño y realización de ese conjunto de decisiones se le llama proyecto
vital.
El proyecto vital
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Vivir es ejercer la
capacidad de forjar proyectos, y de llevarlos a cabo.
l De ahí que, dependiendo de la ambición de los
proyectos, las vidas sean grises, iluminadas, previsibles, rutinarias, bellas,
heroicas, aburridas, etc.
La medida de la libertad
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“La libertad se mide
por aquello respecto de lo cual la empleamos” (Polo). Por eso en ella lo
importante son los proyectos, el blanco al que apuntan las trayectorias, el fin
que se busca...
l A la virtud de aspirar a lo verdaderamente importante
los clásicos la llamaban magnanimidad.
La magnanimidad
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Si no hay un fin alto y atrayente, un
proyecto rico y arriesgado, la elección se reduce a lo trivial y la persona se empobrece
vitalmente. Si lo hay, la libertad y la persona se dilatan de modo irrestricto
l A su capacidad de autoperfeccionarse mediante un buen uso de la
libertad, la persona añade una capacidad de ponerse metas ilimitadamente altas,
que estimulan su acción.
6. La libertad social:
miseria y oportunidades
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La libertad hay que realizarla: llevar
a cabo el propio proyecto vital.
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Pero esa realización exige que en la
sociedad se pueda hacer lo que uno quiere.
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La libertad social consiste en que los
ideales puedan vivirse, y que toda persona tenga en sus manos la
posibilidad de realizar sus metas.
l Además, el ambiente social debería alentar el ejercicio de la iniciativa
en la ejecución de los propios ideales.
Miseria y liberación
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La miseria es
“aquella situación en la que el hombre queda reducido a una dinámica mecánica y
automática, en la que no puede crecer” (J. Vicente – J. Choza)
l Liberación es “el proceso a través del cual se alcanza
la libertad, la remoción de todos los obstáculos que la impiden” (id.)
Las oportunidades
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Habitualmente el
proceso de liberación crece cuando se dan oportunidades, ocasiones para que las
personas puedan poner en práctica sus proyectos. Si no se concede a la gente
oportunidades reales, la proclamación de la libertad es puramente retórica.
l Al hombre hay que darle oportunidades para que dé lo
mejor de sí mismo.
7. Pluralismo y tolerancia
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Cuando actuamos, nuestra
conducta afecta a los demás y a nosotros mismos. El uso de la libertad tiene
siempre unas consecuencias.
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El exceso de
libertad social, y el consiguiente defecto de responsabilidad, puede ser
llamado permisivismo.
l El permisivismo asume una tesis digna de apoyo: el
pluralismo, la diversidad y la tolerancia son valores irrenunciables.
La visión liberal del
hombre
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Para la visión liberal, la libertad
consiste sobre todo en emancipación, es decir, independencia, autonomía
respecto de cualquier autoridad: se considera que cada uno es la única
autoridad legisladora sobre sí mismo y la autoridad civil no pasa de ser un
simple árbitro, que organiza los intereses de los individuos que eligen
libremente lo que quieren.
l El único criterio para decidir lo que se puede o no se puede hacer:
mientras no se lesionen los derechos de los demás, cada uno puede actuar como
le plazca.
Inconvenientes de la visión
liberal
l El problema de la visión liberal de la libertad está
en que en realidad no hay ninguna acción que no tenga influencia en los otros,
pues cada uno al elegir “se elige”, forma un carácter, una historia que
influirá de un modo u otro sobre los hombres que le rodeen.
La tolerancia entendida
como permisivismo
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La tolerancia entendida como permisivismo
pretende excluir cualquier forma de reproche hacia conductas distintas a las
que nosotros practicamos. Consiste en no reprochar a nadie su conducta y evitar
cualquier signo que pueda ser interpretado como discriminatorio.
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Una cosa es respetar el pluralismo y
otra imponer una tolerancia al precio de la pérdida de todo contenido, al
precio de la anulación de la actitud benevolente.
l Se confunde la libertad con un encontrarse solo, que niega que se pueda
saber nada acerca de la realidad y que, por tanto, encierra al sujeto en sus
propias convicciones.
El autoritarismo y el
paternalismo
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El defecto contrario a la tolerancia
absoluta está en decir que la libertad es menos importante que asegurar que
ésta se use bien y que, por tanto, se necesita una autoridad fuerte encargada
de decidir por todos lo que hay que hacer.
l El autoritarismo es una institucionalización de la actitud paternalista,
y lleva consigo un desprecio a la persona ya que la considera incapaz de ser
responsable de sí misma.
El fundamentalismo
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Hoy en día, el
autoritarismo más temido se conoce como fundamentalismo, un amor radicalizado a
la tradición y de inspiración religiosa.
l El fundamentalismo puede apoyarse en una doctrina
moral muy estricta y puede tener ramificaciones políticas, puesto que su
intención es reorganizar moral y religiosamente la sociedad.
La libertad como motor de
la historia
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La libertad es el motor de la historia
y de la sociedad entera.
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La creatividad humana no se despliega
si no es en un clima de libertad que la permita y la aliente.
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Un Estado que no estimule a los
empresarios a invertir creará pobreza, no riqueza.
l La libertad es especialmente necesaria en el terreno económico y social:
es preciso un clima de confianza y de apoyo a la iniciativa privada
El mejor modo de gobernar
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Cuando se confía en las personas éstas
se crecen y aumenta su creatividad, su motivación.
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Lo que hay que hacer es pedirles
responsabilidades y conseguir que hagan suyas las órdenes.
l El mejor modo de que crezca la libertad social es que el que manda sepa
ejercer la autoridad política y aliente la libertad y la iniciativa, y que el
que obedece acepte las órdenes y las ejecute de modo racional, libre y
responsable.