Continuación del capitulo II: Lo intelectual y lo sentimental.
5. Reflexiones sobre los sentimientos
Los sentimientos: conforman la situación anímica íntima, impulsan o retraen de la acción, juntan o separan a los seres humanos.
La vivencia subjetiva de la felicidad está estrechamente relacionada con el modo de sentir nuestras tendencias.
Los sentimientos son buenos, porque refuerzan las tendencias. Los sentimientos no son algo propio de seres débiles, como pensaron Kant y Hegel. Pero hay que cuidarse del sentimentalismo.
El sentimentalismo (tomar los sentimientos como criterio para la acción, y buscarlos como fines en sí mismos) no es bueno porque el dominio sobre los sentimientos no está asegurado. Aristóteles habla de dominio político (no despótico) sobre los sentimientos.
Los sentimientos pueden ir a favor o en contra de lo que uno quiere. Hay que saber educar los sentimientos para que colaboren con nuestras tendencias y con la voluntad. Los sentimientos son irracionales en su origen, pero armonizables con la razón. (De ahí la importancia de la educación sentimental: buscar el mejor modo de educar al hombre, de manera que se consiga en él la armonía de las distintas partes de su alma. Una buena parte de esta educación radica en saber encauzar y dominar los sentimientos.)
La virtud que domina los sentimientos se llama sofrosyne: moderación, sosiego, autodominio, templanza.
Los sentimientos refuerzan las convicciones y les dan fuerza: cuando las cosas se sienten, son más nuestras. Quien quiere algo, es mejor que lo quiera apasionadamente. Meter pasión en las cosas es llenarlas de sentido. Quien disfruta con lo que hace, quien lo hace ver, se convierte en alguien atractivo. La razón es que consigue que su vida tenga una unidad muy plena: lo que quiere mi corazón lo quiere mi cuerpo, mi cabeza, todo mi yo.
Lo decisivo es que haya una proporción entre los sentimientos y la realidad, entre el desencadenante del sentimiento, éste mismo, y su manifestación. No entusiasmarse por bagatelas, ni ser un mediocre (el que está frente a algo grandioso y no se da cuenta); no esperar demasiado de las personas, para no acabar desilusionado. Si no se propicia esa proporción, el encuentro con la realidad será traumático, pues aunque nosotros las percibamos de una manera, las cosas siguen siendo lo que son.
Los errores de autoestima originan sentimientos falsos, de sobreestimación, prepotencia o frustración. Lograr una estimación correcta de la realidad y de uno mismo evita que los sentimientos hagan salidas en falso. Por ejemplo, poner mucha ilusión en una cosa o persona imposible para nosotros, origina frustración, y ésta lleva a renunciar a intentar nada más.
Reglas:
(a) No todas las realidades merecen el elevado sentimiento que tenemos respecto de ellas, sea éste de temor, aprecio, etc.
(b) Muchas realidades merecen mejores sentimientos de los que tenemos hacia ellas: cuidado con subordinar los juicios a las primeras impresiones.
(c) En consecuencia, las valoraciones de los sentimientos hay que corregirlas y rectificarlas. Amar lo que es digno de ser amado.
Diferencia entre emoción y sentimiento: la emoción es volcánica, pero poco duradera. Se puede sentir algo muy profundamente y durante mucho tiempo sin emocionarse por ello: el amor a los padres, la fidelidad en lo cotidiano, un odio que viene de lejos (por ejemplo, causado por un enfrentamiento étnico). No preocuparse si no sentimos (no nos emocionamos) con lo que deberíamos.
La conducta es un modo, muchas veces involuntario, poco consciente o inadvertido, en el que se manifiestan los sentimientos de un modo más real que en los estados emocionales interiores. Lo que una persona siente por otra no es cuestión de sensaciones, sino que se ve en la conducta, en la actitud hacia ella: yo amo a alguien si tengo detalles, si hago lo que a ella le gusta, aunque no sienta nada.
No todos los sentimientos tienen el mismo valor: son jerárquicos. Hay sentimientos cuya importancia subjetiva es muy pequeña. Alejarse un poco de ellos, ironizarlos, en muy importante (miedos tontos).
Tener como criterio de actuación los sentimientos, es decir, una conducta no mediada por la reflexión y la voluntad, produce insatisfacción: nos hacemos esclavos de los estados de ánimo, de las ganas. Eso es infantilismo, falta de responsabilidad.
¿Cómo se manifiestan los sentimientos? Hay que aprender a manifestarlos... y a guardarlos. Aquí reviste particular importancia el pudor.
6. Dinámica afectiva y armonía
psíquica
Ni racionalismo, ni voluntarismo, ni sentimentalismo. Hay que lograr la armonía entre todas las dimensiones del psiquismo. La mejor manera de lograr esta armonía es encargar a la razón el mando sobre el resto de las dimensiones humanas.
El mejor modo de lograr la armonía es la adquisición de hábitos. A base de acostumbrar las tendencias a actuar conforme la razón (dirigida a un fin), se logra la armonía.
La ética puede entenderse como la educación de los sentimientos. Cuando se consigue el término medio, los sentimientos entran en armonía con las tendencias, y las refuerzan haciendo que la conducta humana se vuelva hermosa. Por eso admiramos los caracteres maduros, equilibrados, dueños de sí, ricos en sentimientos.
Este camino hacia la plenitud humana en que consiste la ética necesita unas normas orientadores, cuyo cumplimiento permite alcanzar los bienes y valores en los que radica esa plenitud. Así pues, la ética consiste en adquirir unos hábitos llamados virtudes, mediante el respeto a unas normas que capacitan para poseer los bienes que hacen feliz al hombre. /**fin de sesión**/