Capítulo II: LO INTELECTUAL Y LO SENTIMENTAL
1. Pensamiento y lenguaje
El lenguaje señala la presencia de la inteligencia. El hombre, "un ente que habla" (Heidegger).
Lenguaje: "un método exclusivamente humano, no instintivo, de comunicar ideas, emociones y deseos por medio de un sistema de símbolos producidos de manera deliberada" (E. Sapir).
Diferencias entre el lenguaje animal y el humano:
(a) El lenguaje humano no resulta del instinto: hay que aprender a hablar.
(b) El lenguaje animal es icónico (relación fija entre el mensaje y el signo: el humo es signo de fuego; el llanto de dolor o hambre); el lenguaje humano es dígito (relación arbitraria entre el mensaje y el signo).
(c) Por eso, el número de mensajes del lenguaje humano es ilimitado. Los animales: número fijo y limitado de mensajes, siempre iguales.
Hablar y pensar se dan a la vez. Un pensamiento que no se puede dar a conocer no ha llegado al nivel de la racionalidad.
2. Características del pensamiento
Distinguir entre pensamiento como operación (pensar operativo: acontece) y pensamiento como hábito (hábitos intelectuales: permanecen y crecen).
El pensar operativo es episódico. Tiene tres etapas o niveles:
1. Abstracción: mediante ella se obtienen los conceptos. Se realiza mediante el intelecto agente, que se proyecta sobre las imágenes elaboradas por la imaginación.
2. Juicio: tiene lugar cuando se reúnen y se conectan entre sí los conceptos, dando lugar a proposiciones: "el perro es blanco".
3. Razonamiento: encadenamiento de proposiciones: los perros son animales, algún perro es blanco, luego algunos animales son blancos.
Los hábitos que quedan después de realizar las operaciones de pensamiento anteriores son la ciencia y la sabiduría: saber sumar, saber inglés, ser prudente, etc.
Características del pensamiento:
(1) Infinitud, pues no está abierto a un zona determinada de seres, sino a todos: el alcance del pensamiento es toda la realidad. No hay un pensamiento último después del cual no se pueda pensar nada.
(2) Alteridad (de alter, otro). Captar las cosas como algo otro, no sólo en relación a su estado orgánico.
(3) Mundanidad: no percibo objetos aislados, sino un mundo: unas cosas junto a otras, en un contexto, con totalidad de sentido.
(4) Reflexividad: me conozco a mí mismo como sujeto cognoscente. Posibilidad de pronunciar la palabra "yo".
(5) Inmaterialidad: el pensamiento es un movimiento "perfecto" (en oposición a "transitivo"). Es lo mismo pensar que haber pensado, no hay tiempo. Esa instantaneidad es inmaterial. No hay proceso (sólo en sentido impropio, o cuando se pasa de un pensamiento a otro).
(6) Unión con la sensibilidad: el pensamiento no funciona al margen de la sensibilidad. No se piensa nada que no haya pasado antes por los sentidos. El pensamiento no funciona aislado sino que vuelve a la sensibilidad para referir los pensamientos a las cosas.
(7) Universalidad: el pensamiento capta lo común a muchos, capta universales, conceptos generales. Lo que los hombres puede compartir es, sobre todo, lo racional, porque racional significa: universal, común a muchos. Es la razón la que nos une. Un animal no tiene vida en común, no comparte saberes de un modo consciente.
3. La voluntad
La voluntad es el apetito de la inteligencia o apetito racional, por el cual nos inclinamos al bien conocido intelectivamente. El acto propio de la vida sensible son los deseos e impulsos; el acto propio de la vida intelectual es querer. Por la voluntad nos inclinamos al bien conocido intelectivamente.
La voluntad no actúa al margen de la razón: se quiere lo que se conoce y se conoce lo que se ama. Amor y conocimiento se relacionan estrechamente.
Lo voluntario es "aquello cuyo principio está en uno mismo y que conoce las circunstancias concretas de la acción " (Ética a Nicómaco).
El hecho de tener voluntad implica responsabilidad: se nos puede pedir cuentas de nuestras acciones porque las hicimos queriendo.
Doble momento de la voluntad: (1) deseo racional, basta para hacer que una acción sea voluntaria; referiere a los fines. (2) elección: decidir cómo y con qué medios llevar a cabo la acción que me permita alcanzar el fin querido. Requiere una deliberación previa que sopesa las distintas posibilidades o caminos para llegar al fin querido.
4. Emociones y sentimientos
La afectividad humana es una zona intermedia en la cual se unen lo sensible y lo intelectual. En ella habitan los sentimientos, los afectos, las emociones y las pasiones.
Los sentimientos: cuatro partes fundamentales:
1, objeto desencadenante y sus circunstancias ==> 2, emoción o perturbación anímica ==> 3, alteraciones orgánicas o síntomas físicos ==> 4, conducta o manifestación.
(Nota: la secuencia de las sensaciones sirve para probar la inmortalidad del alma: "Supongamos tres sensaciones sucesivas A, B y C. Quien las siente experimentará la secuencia A-B-C. Pero reparemos en lo que ello implica. Ante todo, que hay en él algo exterior a A y a B que le permite percibir cómo pasa A, y cómo surge B y empieza a ocupar el espacio dejado por A. Pero, sobre todo, le concede la posibilidad de reconocerse a sí mismo como un ser idéntico a través de los cambios de A a B y de B a C. Puede decir, pues 'yo he tenido la experiencia A-B-C'. Llamo conciencia o alma a ese algo en cuestión, y el proceso recién descrito es una prueba de que el alma, aunque siente el tiempo, no es en sí misma completamente 'temporal'. La vivencia más sencilla de A-B-C, aquella que la percibe como una sucesión, exige la existencia de un alma que no sea ella misma una sucesión de estados, sino un cauce permanente por el que discurren las diferentes partes del torrente de sensaciones, capaz de reconocerse invariablemente como idéntico en todas ellas" (C. S. Lewis, El problema del dolor, Rialp, 1997, 132-133.)
La relación entre los cuatro pasos es necesaria, es decir, forman una secuencia constante, de efecto a causa, que se da en la estructura del desencadenamiento de todo sentimiento. Por ejemplo, si vemos un ladrón en nuestra casa (1), sentiremos miedo (2), se nos acelerará el corazón (3) y saldremos huyendo o buscaremos defendernos (4). A veces el objeto desencadenante de la pasión no es localizable, por eso no sabemos cómo evitarlo.
Estos cuatro elementos son necesarios para definir un sentimiento (emoción, afecto o pasión).
Sentimientos son "el modo de sentir las tendencias". Por ej.: tendencia a evitar un mal presente = tristeza. Son la conciencia de la armonía o desarmonía entre la realidad y nuestras tendencias. Los sentimientos son perturbaciones de la subjetividad. "Dicen" algo de la realidad que las provoca, y también "dicen" algo del sujeto que siente (la manera de estar afectado por los objetos).
No confundir la sensación con el sentimiento. La sensación sólo nos hace tomar conciencia de nuestro propio cuerpo. El sentimiento, en cambio, nos abre a la apreciación de lo que nos rodea.
Clasificación de los sentimientos, según las tendencias que los causan:
El deseo o apetito concupiscible genera el amor o el odio:
Deseo -> amor (inclinación a poseer el
bien). Del bien futuro: deseo.
Del bien presente: placer.
-> odio
(inclinación a rechazar el mal). Del mal futuro: inclinación
a huir.
Del mal presente: dolor o tristeza.
El impulso o apetito irascible (inclinación a vencer los obstáculos que permiten poseer el bien) puede ser positivo o negativo:
Impulso -> positivo (alcanzar el bien
arduo). Alcanzable: esperanza.
Inalcanzable: desesperación.
->
negativo (rechazar un
mal).
Inevitable: temor.
Evitable: audacia o temeridad.
Presente: ira. (de hecho lo rechaza) | *fin de sesión*