La felicidad y el sentido de
la vida. Segunda parte.
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Fuente:
R. Yepes y J. Aranguren, Fundamentos de
antropología, pp. 167-179.
7. Distintos modos de
felicidad
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El nihilismo práctico: afirma que la vida carece de sentido. Para los nihilistas, la
felicidad no es posible, no existe; es inútil buscarla, porque no se encuentra.
Variantes:
n
La desesperación:
cuando se ha dejado de esperar, y se considera que el futuro no depara bien
alguno. La vida se vuelve insoportable.
Variedades de nihilismo
n
El fatalismo: el hombre no es dueño de su destino. El único
recurso es que cada uno se contente con la suerte que le ha tocado. Las cosas
no se pueden cambiar. No vale la pena apasionarse por nada. Su única
aspiración: tratar de disminuir el dolor.
n El absurdo: es la vivencia
del sinsentido. La vida es una representación teatral, hipócrita y falsa, sin
lógica, pues el sistema social obliga al hombre a comportarse de una manera que
a él le resulta absurda, carente de toda finalidad. La aceptación del absurdo
entraña un cierto fatalismo pesimista: el hombre es un muñeco en manos de
fuerzas impersonales.
Variedades de nihilismo
n
El cinismo: el cínico no cree en lo que dice o hace, pero lo
aparenta, porque le da igual una cosa que otra. Es un escepticismo burlón: no
cree en la verdad, y se toma a broma todas ellas. El sentido de la vida no
existe, pero nos queda la risa: eso es el cinismo.
n El pesimismo o
escepticismo práctico: postula que el esfuerzo por conseguir bienes arduos
se salda siempre con el fracaso, y por tanto no merece la pena; es preferible
resignarse. El pesimista, en sentido estricto, es el que piensa que el fracaso
acompaña necesariamente la vida de la persona individual, que el destino de lo
finito es fracasar, que al final nada queda.
Variedades de nihilismo
n La afirmación
eufórica de la vida y la ebriedad: el nihilismo es una experiencia amarga, en la
que el hombre es profundamente infeliz. Para salir de esa postración anímica se
busca entonces una estado de euforia que compense el sentimiento negativo. Para
ello suele servirse de algún estimulante que le proporcione el optimismo que él
no termina de sentir. La ebriedad se basa en la renuncia temporal a conducirse
desde la razón, la voluntad y la libertad.
Distintos modelos de
felicidad
w El Carpe Diem! Significa “aprovecha el
momento”, “disfruta el día”. Es una apuesta por el presente: lo que quieras
ser, vívelo ya, antes de que se te pase la oportunidad. Se trata de una forma
de afirmación vitalista inmediata y directa. Lo que suele suceder cuando se
adopta esta postura es que se identifica la felicidad y el sentido de la vida
con el placer. Rasgos:
n
La virtud y el placer se ven como opuestos.
n
Se afirma que la naturaleza humana es buena de por sí. Hay que dar libre
curso a la fuerza natural de la vida que uno lleva dentro, que es de por sí
inocente y buena.
Características del Carpe
Diem
n
Lo hegemónico en el hombre es el cuerpo. Todo lo que se refiere a mi
cuerpo se convierte en extraordinariamente importante: la dieta, la forma
física, el “funcionamiento” de los órganos sexuales, etc.
n
No hay que preocuparse por el futuro. Debo disfrutar ahora, y todo lo
que pueda. Debo evitar también compromisos que en el futuro me aten. Hay que renunciar
a lo arduo.
n En resumen: vivir
sólo, en el presente y en un ámbito físico y emocional.
Defectos del planteamiento
del Carpe Diem!
w Confundir la felicidad con el placer es un error peligroso. El placer es
pasajero y parcial; es algo que afecta la vida psíquica, más que el núcleo de
la persona. Su excesiva repetición produce dependencia, y al final, hastío.
w Apostar por la felicidad presente destruye la expectativa de los bienes
futuros. En realidad, hay más felicidad en esperar bienes futuros que en
tenerlos todos ya.
w
El Carpe Diem! No es aplicable a la vida
profesional, donde hay que esforzarse, y los resultados se dan en el futuro.
Distintos modelos de
felicidad
w
La postura pragmática: el interés. Consiste en decir que toda la felicidad que se consiga será a base de
cuidar cada uno de sus propios intereses. Es un afán moderado de asegurarse una
existencia lo más cómoda, tranquila y segura posible, sin sobresaltos ni
riesgos. Comparte poco, pues desconfía de lo público. Ama el dinero y opina que
un hombre vale lo que valen sus recursos, y sólo coopera si piensa que puede
verse perjudicado por no hacerlo. Se trata de buscar sólo lo conveniente y útil
para mí.
Distintos modelos de
felicidad
w La postura contemporánea: el bienestar. Se
piensa que la felicidad consiste en tener resuelta la vida: en tener casa,
trabajo y carro. Y mejor si le agrega seguros... Se sustituye el proyecto
personal de vida por la adquisición de unas determinadas condiciones materiales
de bienestar y de seguridad. Y cuando la vida se tiene “resulta”, sobreviene la
decepción, el vacío...
w
Pero el bienestar por sí mismo no produce la felicidad;
es simplemente un requisito de ella. La felicidad no consiste simplemente en
estar bien, sino en estar haciendo algo que llene la vida.
Distintos modelos de
felicidad
w
El poder del dinero.
Hay quienes identifican felicidad con poder, y sobre todo, con el poder que
proporciona el dinero. El lujo aparece entonces como signo y ostentación de
poder y el dinero se utiliza para demostrar fuerza y distinción. El problema es
que donde hay dinero hay discordia, y en la discordia nadie puede ser feliz. Además,
la excesiva preocupación por el dinero materializa la vida humana hasta hacerla
miserable.
Distintos modelos de
felicidad
w El afán de poder y la ley del más fuerte. El
hombre tiene una tendencia, secreta o manifiesta, a dominar a otros y a no
dejarse dominar por ellos: la hybris. Se piensa que en la vida los que
triunfan son los fuertes, y que para triunfar hay que imponerse a los demás. El
hombre, para ser feliz, necesita ser ganador. El ganador es el que impone su
ley a los demás (la justicia es la ley del más fuerte). Se piensa, también, que
no existen relaciones desinteresadas, y que las relaciones entre los hombres
son siempre de dominio de unos sobre otros.
La voluntad de poder
w La voluntad de poder conduce rápidamente a la infelicidad:
n
No respeta a las personas como fines en sí mismas.
n
Incurre en las peores formas de tiranía.
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Lanza a unas personas contra otras, porque instaura la ley del más
fuerte.
n
Destruye la seguridad, el derecho, el respeto a la ley y a la justicia
dentro de una comunidad.
La ley del más fuerte:
consecuencias
n Envilece la convivencia, porque justifica todas las mentiras, aumenta el
rechazo sistemático contra la verdad y genera un espíritu de resentimiento y de
desquite.
n Destruye los restantes valores morales y, en consecuencia, la sociedad.
En resumen...
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Si el hombre no se eleva por encima de sus
intereses exclusivamente privados, no será feliz.
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La persona no puede llegar a la felicidad si no
ejerce el tipo de actos que tienen como destinatarios a los demás.